Periódico EL OBSERVADOR

¡Para que aprendamos a valorar lo nuestro!

sábado, 20 de noviembre de 2010

AMOR a las mujeres NO GUERRA

Por Lebb

La Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1999, declaró el 25 de noviembre como Día Internacional de la eliminación de la Violencia de género. Con esta resolución el organismo internacional invitaba a los gobiernos y a las diversas organizaciones a realizar en esta fecha actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública contra este serio problema que tanto desprestigia al género masculino y tantos males afectivos y efectivos causa actualmente a la niña, a la joven, a la mujer.
Años atrás, en 1981, las militantes pro derechos femeninos ya habían destinado el 25 de noviembre a la conmemoración del buen trato, del respeto y, sobre todo, del amor hacia estos bellos seres con mezcla de ascendencia divina y componente muy humano.
Se eligió el 25 de noviembre entonces no sólo porque correspondía al aniversario del brutal asesinato de las hermanas Mirabal: Minerva, Patricia y María Teresa, activistas de la lucha política contra el régimen dictatorial de Rafael Trujillo en la República Dominicana, hacia la década de los 60; sino también porque se quería consagrar una jornada de meditación y desagravio a las mujeres que merecen no sólo admiración, reconocimiento y respeto, sino también amor en toda la extensión de la palabra.
La teoría nos convence y los hombres de todas las edades hasta brincamos de pasión como resortes cuando nos hablan de amor a las mujeres. Sin embargo, en la práctica, en la vida común de las relaciones interpersonales, muchas veces nos cuesta tratarlas bien, –¿Será que dan motivos?–, porque según la estadísticas la violencia contra ellas va en aumento hasta el punto que en uno de cada tres hogares se registran agresiones contra ellas. Y no sólo por parte de los hombres –a quienes siempre nos han echado la culpa– sino también por parte de otras mujeres que sufren de chismes, de envidias, de celos o de cualquier otro demonio. (En un colegio donde estuve la mayor parte de las peleas –y de las "mejores" que he visto– se daban tremendamente entre las mismas chicas mientras los hombres se quedaban de espectadores y hasta haciendo apuestas.)
Algunos analistas descartan que esos hechos constituyan la costumbre y se inclinan a pensar que los hombres nacen buenos y son amorosos por naturaleza con las mujeres, porque ellas, gracias a su belleza, a su sonrisa, a la maternidad, a la atención que les prodigan, se apoderan de su corazón. Sin embargo, –no se sabe si por culpa del pecado original, pues desde allá vienen los malos tratos hacia las mujeres–, algunos hombres se dejan llevar de la ira, del mal genio, del resto de sus defectos personales, y entonces caen en las groserías y en las ofensas hacia quienes consideran ya no parte de su felicidad y bienestar, sino parte de sus problemas y desgracias.
Algunos dicen que quien maltrata ya ha sido maltratado en su infancia y adolescencia dentro de una familia de padres insultantes y agresivos y que después perpetúa la tradición. Parece que también los vicios como el alcoholismo y la drogadicción (causas muy frecuentes), la situación económica, las mutuas infidelidades y fallas en su formación moral, empujan a los hombres a transformar en odio y maldad todo el amor del cual podrían ser capaces.
Sea cual sea el origen de este mal, conviene que aprovechemos la ocasión para reactivar los naturales sentimientos de aprecio y devoción por los seres que tanta belleza esparcen por el mundo. Ojalá aprendamos a valorarlas y a tratarlas con amor –en el mejor de los casos– y que no se nos vaya a ocurrir a los varones darles "guerra", sino paz y satisfacciones, como lo recomendaba tanto la abuelita que ya no dá guerra y en paz descansa.

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